montañés

 Montañés, sa: Natural de la Montaña, región del norte de España.

 

Armado con su rústico equipo e inmerso

en la morrina neblinosa y saturado

en el seno de su humedad, proyecta su

recia silueta sobre las moles de Peña

Sagra. Escudriña, tal vez, una nube

que se ha “metido en un picu” y le

hace barruntar alguna tormenta.

Es un monumento vivo al hombre fuerte,

esforzado, sufrido y tenaz, que día a

día se enfrenta con los elementos,

como eterno combatiente, por la

subsistencia de sus cosechas y de sus

animales para lograr esa hierba, ese

grano, que son la base de nuestra

economía regional.

Sea esta estampa el mejor homenaje de

reconocimiento, rendido con respeto y

entrañable admiración.

¡Viva La Montaña!

 

«[En la idea de algunos] el sentimiento, no ya la pasión, del regionalismo, conduce a la desmembración y aniquilamiento de la colectividad histórica y política, de la patria de todos, de la patria grande. Yo no sé si existirá algún caso de éstos en la tierra española, y, por de pronto, lo niego, porque no le concibo en mi lealtad de castellano viejo; pero exista o no, no es ese el regionalismo que yo profeso y ensalzo, y se nutre del amor al terruño natal, a sus leyes, usos y buenas costumbres; a sus aires, a su luz, a sus panoramas y horizontes; a sus fiestas y regocijos tradicionales, a sus consejas y baladas, al aroma de sus campos, a los frutos de sus mieses, a las brisas de sus estíos, a las fogatas de sus inviernos, a la mar de sus costas, a los montes de sus fronteras; y como compendio y suma de todo ello, al hogar en que se ha nacido y se espera morir; al grupo de la familia cobijada en su recintos, o a las sombras veneradas de los que ya no existen de ellas, pero que resucitan en el corazón y en la memoria de los vivos, en cada rezo de los que piden por los muertos, entre las tinieblas y el augusto silencio de la noche, la voz, que jamás se olvida, de la campana de la Iglesia vigilante… Y así por este orden, hasta lo que no se cuenta por números. Pues a este regionalismo le tengo yo por saludable, elevado y patriótico; y no comprendo cómo se le puede conceptuar de otra manera menos honrosa sin desconocer y confundir lastimosamente los organismos fundamentales de los Estados» (J. M. de Pereda 1897: 110-111).

Parafraseando a El Implacable,en El Heraldo Montañés nos consideramos reaccionarios, integristas y facciosos, postura que es tan fácil de explicar que puede ser entendida sin dificultad, incluso por un político o un periodista de postín.

..Somos REACCIONARIOS porque reaccionamos contra el ateismo militante, la estupidez, el sectarismo, la fealdad como bandera, la falta de patriotismo, la cobardía, el aburrimiento y la ignorancia como forma de vida.

   Somos INTEGRISTAS porque nos consideramos católicos, apostólicos y hasta romanos, que ya es mérito; consideramos el aborto como lo que es, un crimen horrendo; rechazamos el envilecimiento de nuestra sociedad con las coyundas legalizadas de gays y las de las otras; y, en definitiva, rechazamos la descritianización de nuestra sociedad.

..Somos FACCIOSOS . Mucho berzotas confunde faccioso con fascista, y no saben que el faccioso es el que pertenece a una facción, al rebelde… Por ejemplo, facciosos eran, antes de convertirse en bandoleros, los del “maquis”. Pues bien, nosotros somos facciosos porque formamos facción contra un poderoso sistema que lleva a la disolución de la España que queremos.

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