ETA imitó sobre todo la violencia de la retaguardia, inclinándose preferentemente por el modelo del paseo, muy eficaz para iniciar una guerra, como lo había demostrado en julio de 1936 el asesinato de Calvo Sotelo. El de Javier de Ybarra y Bergé por ETA, el 22 de junio de 1977, siguió al detalle el patrón de este último: «detención» en el domicilio, asesinato lejos de casa y abandono del cadáver (que no se hizo desaparecer).

[Durante el cautiverio (un mes) había perdido 22 kilos y toda su ropa olía a orina y a excrementos. Al hacerle la autopsia el doctor Toledo, forense del Hospital de Basurto, determinó que tenía las paredes intestinales pegadas, síntoma evidente de que los terroristas casi no le habían dado de comer durante su confinamiento. Tenía además el cuerpo llagado, señal inequívoca de que estuvo todo el tiempo tumbado o metido en un saco sin poder moverse.]

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