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El 16 de noviembre de 1978 el grupo Argala de ETA asesinaba a tiros en Madrid al magistrado del Tribunal Supremo José Francisco Mateu Cánoves. Ocho años después, el 26 de julio de 1986, era asesinado en Arechavaleta uno de sus siete hijos, Ignacio Mateu Istúriz, teniente de la Guardia Civil de 27 años, en un atentado con bomba-trampa en el que también perdió la vida el agente de la Guardia Civil Adrián González Revilla. Antes de que su padre fuese asesinado quiso entrar en la Guardia Civil, pero Mateu Cánoves, que ya estaba amenazado por la banda, le aconsejó que se alistara en otro cuerpo de las Fuerzas de Seguridad. Por ello ingresó en la Academia Militar de Zaragoza, pero tras el asesinato de su padre, Ignacio Mateu solicitó una gracia especial al rey Juan Carlos para ingresar en la Guardia Civil, gracia que le fue concedida.

Ignacio Mateu Istúriz, de 27 años y natural de Madrid, estaba soltero. Ingresó en la Guardia Civil en 1981, y desde tres años antes servía en los Grupos Antiterroristas Rurales, encuadrado en la unidad de Logroño. El teniente Mateu era uno de los siete hijos del magistrado suplente del Tribunal Supremo y último presidente del Tribunal de Orden Público, José Francisco Mateu Cánoves, asesinado a tiros por ETA el 16 de noviembre de 1978. El padre, que estaba amenazado por la banda desde antes de ser asesinado, le aconsejó que se alistara en otro cuerpo de las Fuerzas Armadas cuando Ignacio le comunicó que quería incorporarse a la Guardia Civil, porque “con uno en la familia que esté amenazado ya es suficiente” (ABC, 27/07/1986). Por no contradecirle, ingresó en la Academia Militar de Zaragoza. Tras el asesinato del padre, solicitó una gracia especial al rey Juan Carlos, que le fue otorgada: pidió su traslado a la Guardia Civil y lo enviaron al País Vasco. El mismo día de su asesinato, el teniente Mateu había preparado todo para trasladarse a Madrid, donde tenía previsto realizar un curso de idiomas durante dos años, causando baja temporal en el País Vasco, pero al enterarse del ataque con granadas a los cuarteles de la Guardia Civil, Mateu aplazó el viaje. El diario ABC contó que, el mismo día del asesinato, la familia Mateu hizo pública una nota en la que pedía que no hubiera representación de autoridades públicas durante la celebración de las exequias, y que sobre el féretro se pusiera una bandera de España sin escudo, porque ninguno representaba “la concordia nacional”.

Su hermano Jaime habló recientemente a propósito de la lucha contra el terrorismo: “la situación actual es muy mala. Lo que hay que hacer con los terroristas es ejercer presión policial y si en algún momento los etarras quisieran entablar algún tipo de diálogo, lo primero que tenían que hacer es ponerse en fila con todo su armamento. Y decir señores, aquí estamos y además venimos a pedir perdón a las víctimas. Yo personalmente no lo aceptaría. Yo ni perdono ni olvido, me debato entre mis firmes creencias religiosas, tendría que perdonar, pero no. Vivo sin odio y sin rencor, pero no perdono. Desearía que se planteara la cadena perpetua, porque hay supuestos asesinos, como el de mi padre, Henri Parot, que se deben pudrir en la cárcel porque estas personas son irrecuperables para la sociedad. Y rechazo todas las conversaciones que se han mantenido con los terroristas. Aquí tiene que haber unos ganadores y unos perdedores. Y entendemos que los perdedores tienen que ser los malos, los que asesinan. Por eso ahora mismo la situación es vergonzosa” (El Norte de Castilla, 31/03/2011).

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