Resultado de imagen de ceret toros

, Libertad Digital

El espectáculo taurino en Céret es impresionante. Banderas catalanas adornan la plaza, los monosabios lucen barretina y una cobla, el conjunto instrumental típico en Cataluña, interpreta Els Segadors al comienzo del festejo y ameniza la tarde con “La Santa Espina”, los pasodobles de rigor e incluso “L’estaca”. Fusión catalanista y taurina a tan sólo cuarenta kilómetros de Figueras. En Francia, las corridas de toros no están prohibidas como en Cataluña y la tauromaquia en Céret es una manifestación artística impregnada de una catalanidad auténtica, original, de una pureza sin desvirtuar. Los elementos propios del folclore catalán combinan en perfecta armonía con los festejos taurinos.

Lo de Céret es de sobra conocido en España salvo en Cataluña, donde sólo los aficionados están en el secreto y peregrinan a la localidad (la feria consta de tres corridas y una novillada entre el 14 y el 16 de julio) como los pornógrafos iban a Perpiñán en los sesenta a mirar películas eróticas. El pintoresco municipio en fiestas, con sus sardanas, fiscornos, flautines y toros, es una expresión muy positiva de la catalanidad francesa, que vive de espaldas al proceso separatista, algo prácticamente inconcebible allende los Pirineos. En lo que los nacionalistas llaman la “Catalunya Nord”, todo lo relativo al independentismo produce una vaga inquietud negativa muy atenuada por la sólida consistencia del sistema departamental francés.

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