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Quiero ser diputado. Pero diputado autonómico, por Andalucía, no diputado nacional en el Congreso de los leones de las Cortes, que está muy lejos y que, aunque te lo pagan, hay que coger el Ave, y hacer noche en Madrid y esas cosas. No. Yo quiero ser diputado del que siempre llamé, desde su creación, el Parlamento de la Señorita Pepis. Del absolutamente prescindible Parlamento de Andalucía. El que está en la antigua iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, y muy adecuadamente, porque son las cinco por las que chorrea sangre tanto derroche inútil de dinero; tanto paniaguado colocado después que perdiera en las elecciones de la alcaldía de su pueblo; tanto cesante en cargo público, socialista o popular, a quien el partido le busca un acomodo, porque no tiene otro oficio ni profesión que la política. ¿Que para qué sirve el Parlamento Andaluz? Ah, no sé: eso no…

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