DE SOL Y SOMBRA


Por Antonio Lorca.

Hasta no hace mucho, se decía, y se mantenía, que un estoconazo valía una oreja; pero las cosas han cambiado una barbaridad y la ley de antaño carece ya de validez.

Ayer, hubo un torero, Gonzalo Caballero, que realizó a la perfección la llamada suerte suprema, el momento de la verdad, y su gesta pasó prácticamente desapercibida para el público de Las Ventas. Claro, que no solo han cambiado la norma y la costumbre, sino el perfil de quienes acuden a la plaza.

Todo sucedió en el tercero de la tarde, después de una faena sin relieve a causa de la ausente calidad de un toro con asperezas, sin fijeza ni humillación. Lo intentó de veras Caballero después de brindar al cielo, pero su entrega no encontró el premio deseado. Y todo, porque su oponente, al igual que el resto de la corrida, se desentendió de…

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