DE SOL Y SOMBRA

El Juli. Foto Pages.

Por María Vallejo.

Siguiendo mi querencia de buscar refugio en la ficción para resguardarme de la irresistible realidad que envuelve el toreo, volví preparar un sueño al que asirme en la tarde de hoy. Y puestos a soñar con una Tauromaquia mejor, soñé a lo grande. Soñé que la exigencia de rotundidad de la que les hablaba ayer no daría la espantá cuando llegasen las figuras. Soñé que El Juli, por respeto a los irredentos triunfalistas que agotaron el papel, tendría la decencia de pasarse cerca, al menos, una embestida. Y, por aquello de que en esto de los toros el tres es el número de la perfección, soñé también que la engalanada terna de esta tarde no tiraría por tierra el trapío maestrante.

Pero mis sueños, nuevamente kamikazes, duraron exactamente el tiempo que tardó en Sevilla en sucumbir al destoreo de Julián y callar…

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