El Muletazo

Estos días de Semana Santa, donde las calles se llenan de estandartes y fervores por amor y fe a Dios hecho hombre en la tierra, nos ha dado por comparar en que sería de la tauromaquia, si ese amor y fervor existiera por el rey de la fiesta, que no es nada más y nada menos que el TORO.

Por desgracia, en la nueva tauromaquia que nos han impuesto desde el sector taurino, el toro ha quedado en un segundo plano. Todo un golpe de estado en el corazón de los aficionados que todavía seguimos siendo monárquicos. La república de las figuras quiere un toro dócil y casi domesticado que hace perder a la fiesta su verdadera esencia.

El toro debe dar miedo y el toro debe hacer que el público respete al que se pone delante de él, como algo que no está al alcance de todo el mundo…

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