DE SOL Y SOMBRA

Ortega y Gasset los llamó “profesionales de la furia”, y Zorrilla los calificó en un verso como “destripadores de caballos”. Pero eso era antes, cuando los espadas valerosos lidiaban a toros fieros que desparramaban genio y violentos derrotes al aire. Cuando Belmonte cambió la norma, y la estética se vistió de luces, cambió la morfología y el carácter del protagonista de la fiesta. El animal grande y destartalado, áspero, brutal y rudo, se ha transformado en un toro guapo, armónico, bravo y noble que ha elevado el toreo a altas cotas artísticas. La clave de este cambio radical se llama selección, el gran misterio de la tauromaquia.

Por ANTONIO LORCA.

El toro de hoy es un extraño para los ascendientes de su propia especie, y los ganaderos -verdaderos científicos autodidactas- se devanan los sesos para que la furia de antaño no derive en aburrida dulzura. Es el misterio del…

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