DE SOL Y SOMBRA


Por Alcalino.

Vea usted dónde nos ha metido la resonancia que tuvo la corrida con la que reapareció en la Plaza México la prócer divisa de Piedras Negras.

De entrada, la gente saludó con una ovación no ya la aparición del primer toro, sino la simple exhibición de la pizarra con el nombre de esta vacada fundacional de la bravura en México. Luego fueron saliendo uno a uno los astados de Marco Antonio González Villa, que terminaría la tarde paseado en hombros por sus incondicionales. Y eso que el encierro piedranegrino no fue precisamente parejo ni en tipo ni en peso ni en atributos. Tampoco fue posible distinguir entre lo seis ningún toro ya no digamos de bandera, sino de comportamiento bien definido y que fuera a más durante su lidia. ¿Cómo es, entonces, que el encanto inicial no se rompió, ni siquiera cuando la blandura del quinto…

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