Póngase por un momento en esta situación. Si un grupo de delincuentes asesinaran a sus hijos a navajazos al volver a casa ¿Se conformaría con que el Gobierno pidiera a los delincuentes que entreguen la navaja y se disuelvan? ¿Celebraría que 30 años después los asesinos le entregaran la navaja y siguieran en libertad? No, no lo aceptaría y lo consideraría una burla, una ofensa al sentido común pero especialmente al sentido de la justicia.

El esperado anuncio de ETA que forma parte de una hoja de ruta pactada ha causado un tremendo frenesí entre la clase política y periodísticas que pretenden extenderla a la mayoría de los españoles. Este blanqueamiento de ETA es efectivo gracias a la falta de empatía, el casi nulo análisis de una noticia descontextualizada y la desafección de los españoles con el problema del terrorismo.

Me indigna escuchar a todo el arco Parlamentario mendigar a los asesinos que “entreguen las armas y se disuelvan”. Un Estado democrático no mendiga la autodisolución, más aún cuando sabemos que es fruto de muchas cesiones a ETA. Un Estado democrático tiene que aplicar la Ley y buscar la justicia, es decir, buscar la derrota de ETA.

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