DE SOL Y SOMBRA

Por Carlos Ilían.

Se veía venir. Nada más al llegar los carteles “fuertes” se acabó la seriedad, vuelve el toco mocho del medio toro y no solo eso, aparece también el triunfalismos que se contagia al palco hasta el punto de perder los papeles y regalar las orejas por bajonazos o, peor todavía, regalar las dos de una tacada por las buenas, porque el público quiere, sin tener en cuenta la calidad y los méritos de la faena, en este caso la de Miguel Ángel Perera al quinto.

El medio toro, habría que decir, un bendito, sin trapío pero de bondad inmensa y que se dejó pegar muchos, muchos muletazos de Perera que abusó en series por delante y por detrás, por aquí y por allá. Si, todo de buen ver pero lejos de la grandeza que se supone a una faena para que se corten las dos orejas…

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