¿Refugiados? Menos proclamas y más meterlos en tu casa

Sí, en la tuya, no en un centro estatal

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Es la diferencia entre compromiso verdadero y postureo. Del segundo vamos sobrados, del primero más bien escasos.

Lo ilustra magistralmente Juan Manuel de Prada en un antológico artículo publicado en XL Semanal:

“Siempre he pensado que el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano eran unos filántropos como la copa de un pino. Recordemos la escena: ambos pasan al lado del viajero que yace desnudo y molido a palos por los ladrones en mitad del camino; pero, en lugar de detenerse a auxiliarlo, dan un rodeo y se alejan presurosos. ¿Es que eran unos hijos de puta sin entrañas? ¡Por supuesto que no! Pero ese día se organizaba en Jerusalén una manifestación multitudinaria y tenían que sostener una pancarta y lanzar eslóganes por un megáfono; o tal vez debían participar en un programa televisivo, para denunciar…

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