El blog de Diego Armario

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La obsesión de los políticos que comenten excesos de todo tipo durante sus mandatos consiste en soñar que la historia les absolverá, y cuando mueren, si levantan la cabeza, comprueban que no es así porque nadie es inmune al paso de tiempo, y además los descendientes de sus víctimas se encargan de mantener la memoria de sus fechorías.
Los dictadores comparten la obsesión de que se escriba un relato favorable sobre ellos después de muertos, porque saben que es empeño inútil que no les salpique el odio que generan por el mal que hacen mientras viven.
Es cierto que algunos nostálgicos se esfuerzan en actualizar su infausto legado, y con anacrónico empecinamiento hacen lo indecible por festejar con nostalgia el aniversario del día que tuvieron el buen gusto de morirse.
Esa es la razón por la que el día que Dios tenga a bien llamar a Nicolás Maduro, Zapatero…

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