EMPIEZA PLANTANDO CARA AL LAICISMO, AL LOBBY LGBT Y AL CATASTROFISMO CLIMÁTICO

Desde este blog he criticado a Trump por algunas declaraciones que no me han gustado, pero tengo que reconocer que las primeras horas de su mandato me han infundido esperanza.

Trump ya es presidente: aterrizan en EEUU naves llenas de dinosaurios con capas rojas
La rebelión de los deplorables / Luis del Pino

El proteccionismo: el punto débil del discurso de Trump

El viernes seguí la ceremonia de su investidura porque tenía interés en ver qué es lo que decía. Su discurso inaugural (se puede leer aquí en español) puede ser criticado por proteccionista, ciertamente. Lo deseable es que los bienes y servicios y las mercancías se intercambien entre las naciones con las menores trabas posibles, no porque sea una axioma ideológico, sino porque la historia demuestra que cuando los pueblos fortalecen sus relaciones comerciales, reducen los motivos para dirimir sus disputas mediante conflictos bélicos. En este sentido, es contradictorio que uno diga que antepone el interés de su país a cualquier otra consideración, y al mismo tiempo rechace la forma más eficaz de asegurar su prosperidad. Lo que resulta hipócrita es que lancen críticas a ese proteccionismo quienes no ven reparos en que la Unión Europea y China impongan trabas proteccionistas a las importaciones mediante aranceles, unas trabas que penalizan en especial no a los países ricos, sino a aquellas naciones que menos recursos tienen.

Una batalla aún más importante que la económica: la cultural

Espero que el buen equipo de asesores del que se está rodeando Trump, así como la mayoría republicana en el Senado y en la Cámara de Representantes, moderen la puesta en práctica de ese discurso proteccionista, no sólo por el perjuicio que pudiera causar a los países que exportan sus productos a EEUU -entre ellos España-, sino también porque eso podría perjudicar la prosperidad de los propios estadounidenses. Con todo, y a la espera de lo que ocurra en ese ámbito, voy a discrepar de la tan extendida idea de que la economía es lo único que importa, una idea convertida en dogma por la derecha europea. La economía es, desde luego, un aspecto importante de la vida cotidiana de una nación, pero no el único ni el más importante. De hecho, la derecha europea ha caído en el error materialista de creer que todo se puede reducir a la economía, y que cualquier otro asunto son “cortinas de humo” para distraer nuestra atención. De esa forma la derecha europea no ha querido explicar su visión de la realidad, sino justificar su cobarde deserción en una contienda que es fundamental en nuestros días para preservar nuestras libertades y nuestro modo de vida: la batalla cultural frente a la ofensiva ideológica del progresismo.

Quiere que sea el pueblo el que controle al gobierno

En su discurso inaugural, Trump no ha tenido reparos en derribar un tótem del consenso socialdemócrata: “Lo que importa en verdad no es qué partido controla nuestro gobierno sino si nuestro gobierno es controlado por el pueblo.” Para la izquierda y la derecha europeas -en esto ya son indistinguibles-, el Estado se ha convertido en una enorme maquinaria con una diarrea legislativa que invade cada vez más ámbitos de nuestras vidas, desde la forma en que los padres educan a sus hijos hasta nuestra libertad para contradecir afirmaciones falaces como las que sostiene la ideología de género, pasando por un constante empeño en penalizar la iniciativa privada mediante subsidios estatales cuyo principal objetivo, a estas alturas, ya no es socorrer a aquellos que pasan dificultades, sino distribuir la riqueza obviando un derecho tan básico como es la propiedad privada. En Europa es el político el que controla tu vida. Trump quiere que sea al revés. Me ha parecido una afirmación digna de aplauso, especialmente porque el actual poder del que disponen los políticos en Europa y la falta de control sobre su actividad (lo que se traduce en abusos de poder) han convertido a ese Estado elefantiásico en caldo de cultivo perfecto para la corrupción política, lo que genera indefensión entre los ciudadanos, la pérdida de la confianza en las instituciones y, en último término, una creciente desafección hacia la democracia (de ahí el auge de los populismos).

Un patriotismo basado en la cultura del esfuerzo

Pero aún más importante que lo anterior son otros detalles del discurso inaugural del nuevo presidente de EEUU. Trump no ha tenido reparos en hablar de patriotismo sin reducirlo a palabras huecas (antes bien, lo ha definido con afirmaciones hoy tan atrevidas como ésta: “Compartimos un corazón, un hogar y un destino glorioso.”). Ha osado incluso cuestionar uno de los dogmas más asentados de la política de hoy, el bienestar entendido como la obligación del Estado -es decir, de los contribuyentes- de sostenerte a costa de los demás: “Sacaremos a nuestro pueblo del bienestar social y de vuelta al trabajo”. Y por si quedaban dudas, en otro párrafo ha recordado: “En Estados Unidos comprendemos que una nación solo vive cuando se esfuerza.” Una declaración que conecta con el tuétano cultural del país, ese “sueño americano” que no se conseguía pidiendo ayudas al Estado, sino mediante la cultura del esfuerzo y de la superación personal.

Obama hablaba de ‘terrorismo internacional’: Trump lo llama por su nombre

Uno de los mejores momentos de su intervención ha sido cuando se ha referido por su auténtico nombre a una de a las peores lacras de nuestro tiempo: “uniremos el mundo civilizado contra el terrorismo extremista islámico, que erradicaremos totalmente de la faz de la Tierra”. Por el contrario, estos últimos años Obama se había empeñado en hablar de “terrorismo internacional”, sin hacer mención a su carácter islamista, como si Osama Bin Laden o el ISIS fuesen meros activistas de un movimiento internacionalista, sin más, y no unos yihadistas musulmanes.

Apela a la raíz espiritual de la democracia en América y Occidente

Al mismo tiempo, Trump no ha tenido reparos en apelar a la raíz espiritual de la civilización occidental. Ha citado la Biblia, ha mencionado a Dios (invocando su protección), y ha dejado caer entre líneas una idea que a los europeos se nos ha olvidado en gran medida: que la igualdad y los derechos fundamentales de los que disfrutamos en Occidente no son una concesión de los políticos, sino algo anterior al Estado y que responde a una condición humana con la que nos ha distinguido Alguien superior a nosotros. A esto se refería Trump cuando explicaba que más allá de su raza y su lugar de residencia, todo estadounidense “recibe el aliento vital del mismo Creador Todopoderoso”. Una afirmación que hoy es tan políticamente incorrecta que pocos gobernantes de la Unión Europea -si exceptuamos a húngaros y polacos- se atreverían a pronunciarla, ya por tibieza, por descreimiento o por miedo de sufrir las iras de la izquierda materialista.

Portazo al lobby LGTB y al catastrofismo climático

Ya en el terreno de los hechos, entre las primeras medidas de Trump nada más jurar su cargo ha estado la supresión de las páginas dedicadas al lobby LGTB y al catastrofismo climático en la web de la Casa Blanca. Desaparecieron muy poco después de la ceremonia de investidura. Es un pequeño gesto pero cargado de simbolismo y lleno de acierto, pues lanza un mensaje claro: que el gobierno de los Estados Unidos tiene la voluntad de dejar de ser rehén de un pequeño grupo de presión que pretende socavar los derechos de la mayoría. Obama se había convertido en un propagandista de la ideología de género y del homosexualismo político. Eso, por lo visto, se acabó. Lo mismo se puede decir con el negocio en que se ha convertido el alarmismo ecologista, dos corrientes ideológicas que han servido para imponer en todo el mundo agendas políticas cada vez más lesivas contra los derechos humanos, desde la libertad de educación hasta el mismísimo derecho a la vida (recordemos que un personaje tan cercano a Obama como el biólogo Paul Ehrlich ha promovido el uso del aborto mediante alegatos ecocatastrofistas).

La lógica rabieta de la izquierda liberticida y de la derecha acomplejada

En resumidas cuentas: que lo haga por oportunismo o por convicción, en sus primeras horas de mandato Trump ya ha demostrado que quiere afrontar la batalla cultural de la que ha desertado la derecha europea, una deserción que en algunos casos -como el del PP en España- se ha traducido en un cambio de bando en toda regla, asumiendo las tesis abortistas, LGTB y la ideología de género que promueve la izquierda. Es normal que Trump provoque ataques de rabia no sólo entre la izquierda liberticida, sino también entre la derecha tibia y acomplejada. Esa misma derecha ha traicionado sin rodeos a millones de sus votantes, presentándose cada cuatro años como el único dique electoral contra la izquierda, un “mal menor” que sólo ha servido para consolidar y continuar las políticas iniciadas por los gobiernos izquierdistas. Con todos los reparos que me pueda provocar Trump, su voluntad de dar esa batalla cultural me infunde esperanza y me anima a pensar que, aunque sólo sea por imitación, ojalá surjan a este lado del Atlántico cada vez más opciones políticas -en España ya tenemos a Vox- que apuesten por dar esa batalla cultural.

16:16h: Una muy mala decisión de Trump con la que no estoy para nada de acuerdo: elimina la página en español -el segundo idioma más hablado de EEUU- en la web de la Casa Blanca.

(Foto: WhiteHouse.gov)

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