Las víctimas de ETA, un dolor que no prescribe

 

Contra la impunidad de ETA

Contra la impunidad de ETA
La madrugada del día de Reyes de 1979, el guardia civil Antonio Ramírez, de 24 años, y su novia, Hortensia González, de 20, volvían a casa tras pasar unas horas bailando en una sala de fiestas de Beasain (Guipúzcoa). Antonio detuvo el coche, un Renault 5 naranja, en un stop, donde al menos dos etarras con una metralleta Sten y una pistola calibre 9 milímetros Parabellum los acribillaron. Antonio recibió ocho balazos; Hortensia, diez.

La escena fue dantesca: el coche parecía un colador y el cuerpo del joven guardia civil quedó sobre la bocina, que sonó ininterrumpidamente durante 20 minutos eternos sin que nadie los socorriera. Dos vidas segadas, una inminente boda que no se celebró y dos familias muertas en vida.

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