Atentado 

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El atentado de Carrero marcó un antes y un después en la evolución política de España.

Pedro Navarro.- Está generalmente aceptado el que la Historia es maestra de vida, por lo que no es ninguna novedad el que, para interpretar los acontecimientos actuales, sobre todo aquellos en los que se desconocen, por la causa que fuere, muchos de sus aspectos, es fundamental contar con la luz que arroja la Historia de la nación en la que se producen

Para tratar de interpretar los datos que van emergiendo de los atentados del 11M en Madrid, así como para comprender el por qué de la oscuridad que los rodea, es fundamental la luz que arroja la experiencia de acciones que pueden considerarse similares, al menos en cuanto a su vocación de encaminar los destinos de España en una determinada dirección.

En este sentido, en la España actual, el primero y más trascendente mazazo de derribo fue el asesinato del Presidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco, en diciembre de 1973.

No espere el lector encontrar en este relato datos definitivos o nuevos, pues solo es una recopilación ordenada y valorada de diversos trabajos publicados abiertamente en distintas épocas. Aun así, sin duda, su contenido le sorprenderá y, espero, le hará pensar y sacar conclusiones a la hora de valorar los momentos actuales.

Contexto Político del momento

Empecemos, a continuación, a pasar revista la situación del momento, lo cual nos permitirá conocer a los actores del drama.

El 31 de Julio de 1959 nació la organización separatista, marxista y terrorista ETA ( Euzkadi ta Azkatasuna, País Vasco y Libertad), como una escisión radical de las juventudes del PNV (Partido Nacionalista Vasco) y con fermento clerical (consiliarios de las Juventudes de Acción Católica Rural y algunas instituciones religiosas, como la Universidad de Deusto, regida por los jesuitas, los mismos que siguen cediendo su casa de ejercicios del Santuario Loyola para las conversaciones PSOE (Partido Socialista Obrero Español), PNV y Batasuna-ETA). Entre 1968 y 1973, ETA cometió 9 asesinatos (la primera una niña de año y medio en 1960, luego el GC Pardínes y el inspector Manzanas en 1968), 137 sabotajes (el primero un descarrilamiento de tren en 1961), 4 secuestros y 330 acciones diversas, algo muy lejano de los muchos más de mil asesinatos que llegará a realizar. El respaldo y apoyo clerical formó parte de la propia infraestructura y logística de ETA.

Ricardo de la Cierva, experto en la masonería y siempre fiel a la Iglesia Católica, al comentar la controvertida lista de la Gran Logia Vaticana, del periodista Carmine Pecorelli, constata “la verosimilitud masónica” de Luigi Dadaglio (Nuncio en España de 1967 a 1980) y de su consejero Monseñor Dante Pasquinelli. Dadaglio ha pasado por ser el artífice de la “revolución” en la Iglesia española. Algún ejemplo más: Pablo VI se empeñó en nombrar al abyecto separatista José María Setién como obispo auxiliar de San Sebastián en 1972.

Por su parte, el “gobierno vasco en el exilio”, que estuvo en Nueva York durante años, y el PNV, habían sobrevivido durante la Segunda Guerra Mundial gracias a la colaboración de muchos de sus hombres con el OSS norteamericano ( Office of Strategic Services), el antecesor de la CIA, cuando España era uno de los potenciales enemigos de los aliados; posteriormente muchos agentes vascoseparatistas trabajaron para la OSS en Hispanoamérica, cuando el enemigo era un comunismo que empezaba a enseñorearse de su “patio trasero”. El Lendakari José Antonio Aguirre y sus hombres extremaron sus convicciones antisoviéticas y pronorteamericanas, echándose en brazos de la CIA y otros servicios de inteligencia a lo largo de más de dos décadas.

Tampoco hay que olvidar al marxismo internacional. En la Conferencia de los partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú, en junio de 1969, se dijo: “Al evocar a los héroes de la lucha antifranquista no es posible olvidar la actividad de los obreros, estudiantes e intelectuales del País Vasco, entre los que destacan los comunistas, los católicos progresistas y los militantes nacionalistas de ETA, que al luchar por los derechos nacionales de Euzkadi, lo hacen por la libertad de todos los pueblos de España”.

En diciembre de 1970 tuvo lugar el Proceso de Burgos, consejo de guerra sumarísimo contra 16 etarras, 2 de ellos sacerdotes, acusados de haber matado o colaborado en el asesinato del Inspector Melitón Manzanas, el Guardia Civil José Jardines y el taxista Fermín Monasterio. Se dictaron 9 penas de muerte, las cuales fueron indultadas. Hubo un fuerte movimiento comunista en contra, así como de sectores de la Iglesia, especialmente catalana y vasca (Monasterio de Montserrat, obispos de San Sebastián -Mons. Argaya- y Bilbao -Cirarda-, etc)

En 1968 se firmaba el Tratado de No Proliferación Nuclear por 168 países, pero no por España, quien tenía en marcha un programa de desarrollo de armas nucleares y no quería renunciar unilateralmente a un instrumento de defensa tan disuasorio. Como complemento, al menos dada su posible aplicación al campo militar, desde 1963 funcionaba la Comisión Nacional de Investigación del Espacio (CONIE), la cual lanzó, en 1969 los tres primeros cohetes autóctonos INTA 255.

La Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado, de 1947, declaraba que España era un Reino. El 22 de julio de 1969 Juan Carlos fue designado sucesor a título de rey y con el provisional de príncipe de España; al día siguiente se ratificó el nombramiento ante las Cortes con su solemne juramento de guardar y hacer guardar las Leyes Fundamentales del Reino y los Principios del Movimiento Nacional (el 22 de noviembre de 1975 volvería a hacer un juramento similar). En el verano de aquel mismo año Don Juan hizo un pacto dinástico con su hijo para que este accediera al trono. En 1970 murió el Capitán General Muñoz Grandes y al año siguiente el de igual empleo Alonso Vega, quien había conseguido oír de Franco que nombraría a Juan Carlos como sucesor, opción por la que se inclinaba también, abiertamente, Carrero Blanco. En enero de 1971 Juan Carlos visitó los EE.UU., siendo recibido con honores de jefe de estado.

En las décadas de los años sesenta-setenta el crecimiento industrial fue extraordinario, un 160% entre 1963-72; la productividad se duplicó durante el mismo periodo; las exportaciones se multiplicaron por 10; las tasas anuales de crecimiento eran las más altas de Europa y unas de las más altas del mundo; en los años setenta España pasó a ocupar el décimo puesto entre los países más industrializados del mundo (reconocido incluso por Tarradellas; ni comparación con el puesto real de España -que ha liquidado practicamente su industria pesada y su flota pesada- en la actualidad).

A finales de octubre de 1970 visitó España el Presidente Nixon. Según el ubicuo general Vernon A. Walters, el presidente norteamericano tuvo con Carrero Blanco, entonces Vicepresidente del Gobierno, “una de las conversaciones más interesantes de todos sus viajes”. El republicano Nixon era un convencido anticomunista y, aparentemente, un gran amigo de España. En febrero de 1971 volvió Walters a España y se entrevistó con Franco, comunicándole el interés de Nixon sobre la cuestión de su sucesión y sugiriendo la conveniencia de proclamar rey a Juan Carlos mientras viviera.

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