DE SOL Y SOMBRA

Morante Por Briones.

Sonó la hora del crepúsculo cuando el esteta sevillano invitó al toro a dar juntos un garbeo saleroso hacia el centro del redondel, acariciando con la tela roja sus nobles embestidas. ¿Camina toreando o torea caminando? Sincronía de patas y pies, toro y torero a un mismo compás, mágico intercambio de andares y miradas. El soberbio cambio de mano por delante en los medios era apenas el inicio de un recital extraordinario en la cumbre de la gloria del torero de época, prodigio de soltura y naturalidad.

Las claves de la milagrería morantista se dibujan en nuestro emocionado recuerdo:

Arte. Un fallido criterio estético lleva a algunos escritores taurinos a calificar como toreros de arte a diestros que simplemente han pulido un poco sus maneras. Los diestros con arte son contados en la historia del toreo. Morante es uno de ellos. Nació con ese atributo…

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