DE SOL Y SOMBRA

Curro Romero.

Por Fausto Romero-Miura Giménez.

El domingo, a las cuatro y veintiocho minutos de la tarde, mientras hablaba por teléfono con Fausto, mi nieto, oí una voz que no era la suya, más adulta y grave, que decía “¿Fausto?” Esa voz, personalísima, me sonó a sueño pero ¡no podía ser, era imposible que fuese la soñada! Pregunté: “¿quién es?” Y la voz, amable, sonriente y sabedora de la incredulidad que había de producirme, dijo: “Soy Curro”.

¡Curro Romero, el ídolo de mi vida, la pasión que aún me abraza ! Y hablamos mucho y recordamos y reímos. Y me explicó que habían coincidido en el mismo restaurante y que Fausto, mi nieto, con la complicidad de Carmen, su mujer apiadada, le hicieron comprender lo feliz que me haría oírlo.

Y el Maestro – ¡con qué señorío tan sencillo puede hacerse feliz a un niño y…

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