Hoy hablamos con Don Juan Lamarca. Su nombre lleva la memoria hacia el palco de Las Ventas, lugar que ocupó durante más de dos décadas. Una etapa en la que siempre mantuvo su independencia lo que le costó encontrarse con partidarios y detractores. Un apasionado del toro que sigue aportando a la Fiesta desde el Círculo Bienvenida y que nos concede una charla muy clara sobre su personalidad y sobre la que siempre será su plaza. Hablamos con Don Juan Lamarca.
En su vida no faltaron sueños de ser torero
Hombre, ¿qué niño de mi época en España no lo soñó?
¿Qué faltó?
Desarrollé mi afición jugando al toro en la calle y al toreo en el patio de mi casa. Toreé en el campo becerras y machos pero no tuve la decisión para dar el paso a dedicarme en serio. La ilusión la tuve pero no me sentí capaz de dedicarme a ello. Fue en una época preciosa en la que la gente consideraba a los toreros como héroes.
A usted le llamaban los héroes, nace un policía
Son profesiones que tienen una similitud al enfrentarse a unos objetivos con unos enemigos delimitados. Es un afán de servicio aunque hay veces que, por determinadas situaciones, se convierte a los policías en héroes. Yo he estado 42 años con una dedicación plena, con afán de servicio y con un sentimiento que se lleva dentro. En esa dedicación es una profesión similar a la del torero.
De ahí a Las Ventas
La primera vez que fui a Madrid fue con mi padre y toreaba Carnicerito de Úbeda, yo soy de allí. Entré en el coche oficial del presidente, Juan Antonio Panguas (presidente que dio el rabo a Palomo), que era amigo de mi padre. Fue premonitorio.
Lo recuerdo con mucho cariño, entrando con mi padre en el coche oficial, y se me vino a la cabeza con cierta emoción cuando entré en el coso para presidir en el coche oficial. Eso fue una premonición.
Es una competencia de la policía dentro de una designación oficial que se establece en el marco jurídico en el que se desenvuelve la fiesta. Yo era inspector jefe. Mi afición me hizo solicitar el ingreso en el equipo gubernativo y estuve siete años de Delegado. Tras ello vieron que era idóneo y fui designado en 1984. Debuté el 19 de marzo de ese año.
¿Cómo encuentra la plaza?
 
Cuando llegué venía imbuido de los presidentes que me precedieron, de mis compañeros y de los años en los que estuve en el callejón. El público asumía la competencia de la autoridad y los profesionales (empresa, lidiadores, ganaderos…) tenían un sentimiento de aceptación de la autoridad.
Había broncas pero contrasta la época con la de ahora en la que hay un rechazo hacia quién dirige el espectáculo.
Madrid no era igual que ahora porque no existía la rotación que existe actualmente y el comportamiento, por lo tanto, era más homogéneo. El público ha cambiado y varía según días de la semana, cartel torista o torerista… y eso no es bueno.
En Las Ventas la reacción varía y no siempre es consecuente con lo que pasa en el ruedo, esto se debe a que se televisan corridas de toros y el público es distinto. Todo espectáculo tiende a su difusión, pero para la homogeneidad y sentido crítico no ha sido algo muy positivo.
A Madrid la critican por dura o por flexible, según momentos, pero siempre ha sido dura y para cortar orejas ante un toro muy exigente y con trapío era complicada porque siempre tuvo el carácter de tribunal que jamás debe perder pero que flaquea por la rotación de público.
El toro difería al de ahora
Desde mi llegada como Delegado Gubernativo he asistido a reconocimientos y he ido viendo la fisonomía del toro. Un astado armónico, ajustado a su fisonomía y encaste y con la cara de Madrid. Chopera subió el toro. De la época de Canorea y Berrocal a la de Chopera se observa un cambio en el volumen del toro. Con los Lozano se buscó más armonía en el toro dentro de su seriedad, el toro atendía a su fisonomía, tenía un trapío acorde a su procedencia y había más variedad de encastes. Ahora se lidia el 80% Domecq y hace años era mínimo.
Hablemos del 7
El público ha evolucionado acorde a la evolución social. Era más respetuoso con las decisiones de la presidencia y crítico con los toreros. Yo siempre digo que Madrid es el Tribunal y Sevilla el Templo. La heterogeneidad de la plaza ha hecho que ahora se relaje la exigencia en cuanto a la petición de trofeos y observancia de las suertes.
En cuanto al 7 decir que ha sido un tendido que ha ido cogiendo importancia y ha pasado de ser una anécdota a tener un protagonismo más notorio. Hoy se nota más el tendido 7 porque, en general, hay menos afición y se les ha dado importancia en los medios y por parte de profesionales que le han adoptado como referente y no debe serlo. No siempre ha actuado con imparcialidad, de manera espontánea y eso se nota. Una cosa es una reacción espontánea respecto a la lidia y el espectáculo y otra cosa es adquirir el deseo de protagonismo de presidir la corrida y de que su influencia se note en la lidia, primer tercio, banderillas… Ya se pasa a un protagonismo no acorde al respeto a presidencia y participantes.
Pidieron su dimisión en una carta
Muchas veces, por lo que le digo. A estos señores, grandes aficionados porque para protestar, presionar y ser factor determinante hace falta conocer al toro, no les animan objetivos lógicos y a veces influyen en presidentes, toreros… y a veces parece que presiden ellos. Cuando yo presidía, con mis aciertos y errores, lo hacía en base a mis criterios y nunca me dejé influenciar por el 7. Nunca he estado en contra de las protestas porque a veces el presidente está empecinado en algo y pueden esclarecer.
No sé si tienen intereses, lo desconozco, pero su actitud, declaraciones, peticiones y actuaciones muestran tendencias a favor o en contra de algo. Se ve como a los hierros que ellos defienden les protestan menos y al revés, al igual que a lidiadores. Hay toreros a los que son favorables y a otros les pitan antes del paseíllo.
Esa actitud hace pensar en un grupo organizado para ese fin. El público siempre ha sido espontáneo en el toreo, triunfalista a veces en corridas que desembocan en ello. Todo lo que ocurre en una plaza tiene su espontaneidad y legitimidad. La actitud que ves premeditada, organizada y para objetivos da qué pensar. Sobre todo cuando son decisiones injustas que tratan de desvirtuar e influir en el resultado del espectáculo, para bien o para mal. 
Como te decía, el nivel de exigencia de la plaza ha bajado por la rotación y a veces echo en falta la protesta del 7 algunos días, más que nada porque al día siguiente sí protestan desde el paseíllo, no lo ves lógico.
 
Dentro de esos profesionales que decía están los periodistas.
No quiero decir nombres porque no lo veo correcto. Desde el famoso del diario Pueblo, conocedor y crítico taurino, que empezó con las intrigas de dirigir al público en los 70 para que se mostrara coincidente al periodista, algunos han querido seguir esa estela.
Las reacciones son espontáneas en la corrida y seguir el maniqueísmo, la intriga, contubernios fuera de la plaza… son actitudes paradójicas que a mí me dan que pensar. Eso o preparar ambientes para la siguiente corrida, ¿para qué?
Hablamos de personas que han contribuido a la formación del 7 y luego otros han tratado de crear otros grupos en otros tendidos y algunos han favorecido su mantenimiento. Las actitudes son paradójicas.
Volviendo a su labor, ¿tuvo que enfrentarse a presiones?
No he visto ni recibido ninguna. Estuve de Delegado siete años y asistí a reconocimientos, tanto cuando me tocaba como cuando no, y fui adquiriendo conocimientos hasta, tras ver más de 6000 toros, elaborar el mío. Nadie de mis compañeros ha recibido una presión.
Sí recuerdo que en una Beneficencia un Jefe Superior me dijo que no echara muchos al corral y le dije “irán los que tengan que ir” y me dijo que a Leguina se le descompensaba el balance de la corrida y luego se lo echarían en cara si era deficitario. Al corral fueron dos (risas).
En un reconocimiento, si un profesional o empresario manifiesta educadamente su oposición con argumentos, para mí no es presión, aunque a veces se pusieran cabezones.
Cuando yo empecé la gente no conocía a ningún presidente salvo a Panguas. En la prensa tampoco se conocía a ningún juez y ahora se conocen ambas cosas. ¿Quién es el juez?, ¿quién preside? A tí que te importa. De ahí nació lo de halcones y palomas. 
Alguna vez ha habido acercamiento de profesionales.
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