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Al toro de lidia en una plaza de toros se le evalúan básicamente tres cosas: Trapío,
bravura y casta.
El trapío se refiere a la estampa o aspecto fenotípico del toro de lidia. Esto se debe
observar a la salida del toro conjuntamente con el temperamento o “personalidad” que demuestre el toro, que debe estar acorde con las características de la ganadería de origen, y que difiere entre ganaderías.
La bravura del toro se demuestra ante el picador. Un toro será más bravo cuantas más veces y más fiereza demuestre ante el castigo de la puya. Reglamentariamente el toro debe tomar un máximo de tres puyas.
La casta se demuestra en los pases de muleta. El toro debe ser codicioso y debe humillar (bajar bien la cabeza) cuando es citado por el torero. El toro debe ir con fijeza y nobleza a la muleta o engaño. Siempre demostrando que es bravo y tiene peligro estar parado frente a él, pero sin mostrar signos de preferir cornear al torero antes que responder adecuadamente a las ordenes o cites del torero. Y por supuesto el toro nunca debe mansear frente al torero. Nunca debe tardarse en embestir y mucho menos debe retroceder ante el torero.
El toro de lidia puede salvar su vida si en los 15 minutos que dura la faena demuestra cualidades sobresalientes que lo hacen acreedor de un indulto, solicitado por el público y concedido por el presidente de la Comisión Taurina. Un toro indultado regresará a la ganadería para servir como reproductor.

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