DE SOL Y SOMBRA


Por F. Ojados.

Reza la letra de un famoso tango que «veinte años no es nada», y sin embargo puede significar mucho, especialmente para la carrera de un torero. Corría el año 1995 cuando un niño de Murcia se mostraba por los ruedos de toda España sorprendiendo a propios y extraños por su especial manera de entenderse con los morlacos. Se trataba de uno de los llamados niños prodigio, y por su corta edad y su menuda estatura, recibía el apodo de Rafaelillo.

El niño había nacido en Murcia el 16 de julio de 1979, precisamente el día grande de su barrio, el de la Virgen del Carmen. Su precocidad en el manejo de capotes y muletas -en aquel entonces de pequeñas dimensiones, acorde con la anatomía de aquel chavalito revoltoso y con un desparpajo inusual- hizo que los apoderados de la gran figura del momento, Enrique Ponce

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