DE SOL Y SOMBRA

Anda, anda con los lagunajandas y adiós al verano en plena incuria comunal. En la foto Eduardo Gallo.

Por José Ramón Márquez.

Lo de Lagunajanda era la famosa crónica de una muerte anunciada.

La verdad, para qué negarlo, es que sólo con que veamos la palabra “Domecq” en un cartel ya nos entran los sudores fríos y el cólico miserere, de lo baqueteados que andamos con esas seis letras, que más que un apellido conforman una invocación al Maligno, taurinamente hablando.

Y, como no podía ser de otra manera, los Lagunajanda, Sociedad Limitada propiedad de doña María Domecq Sáinz de Rozas, no defraudaron en complacer las nulas esperanzas que en ellos habíamos depositado. Por supuesto que además de los cuatro resentidos de retorcido colmillo también se sentaron en las piedras venteñas, exquisitamente sucias en esta particular ocasión, los consabidos viajeros provenientes del Oriente para quienes las palabras

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