DE SOL Y SOMBRA


Por ANTONIO LORCA.

La plaza de Valladolid lucía espléndida, llena hasta la bandera, como debiera ser cada tarde; en el recuerdo, el torero desaparecido, Víctor Barrio, que accedió a la gloria tras pagar el alto precio de su propia vida; la madre, la viuda y la hermana, presentes en el tendido, y todo parecía preparado para un homenaje único, cálido y emocionante.

Pero no fue así. La organización del espectáculo no estuvo a la altura deseada. Para empezar, no hubo una sola imagen que recordara al torero homenajeado; ni una palabra, ni un solo gesto más allá de los brindis a la familia y al cielo. Estaba previsto que, al finalizar el paseíllo, se entregara a la familia un capote con los mensajes que aficionados y admiradores de Barrio habían enviado por Twitter, pero el acto no se celebró. En fin, que el torero muerto estuvo en la…

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